El duelo infantil

El tema de la muerte es un tema difícil de  abordar, del que normalmente no nos gusta hablar demasiado y que en muchas ocasiones evitamos. La actitud que nosotros tomamos hacia la muerte se ve reflejada en nuestros hijos, de modo que probablemente nuestros hijos tomen el mismo modelo de comportamiento.

En nuestra sociedad, la muerte es un tema “tabu”, nos cuesta conceptualizar la muerte como parte de la vida, es difícil concebir que nuestro tiempo es limitado, y encima nunca sabemos cuándo va a llegar éste fin.

Hay algunas culturas donde la muerte es motivo de celebración, se cree que la persona que ha fallecido está ahora en un lugar mejor, y en muchos casos, ya ha dejado de sufrir. Esta concepción resulta increíble para nosotros, ya que para nosotros, la muerte es la pérdida de una persona querida, y nos cuesta imaginar cómo podremos seguir viviendo sin el contacto con esa persona.

Si para los adultos es difícil hablar sobre ello, es fácil pensar que todavía más complicado es tratarlo con los niños. Hay la tendencia a pensar que hay que apartar a los niños de todo lo relacionado con la muerte para que no sufran, creemos que si los niños no presencian esa situación, no la sufrirán. Pero ¿realmente podemos evitar que los niños se vean afectados por la muerte de algún familiar? ¿Realmente los niños no se dan cuenta de lo que está pasando? ¿Es beneficioso para ellos ocultarle éste suceso?

La muerte, es un concepto abstracto y complejo, y por tanto, el modo de abordarlo debe depender de la edad, la cultura, el desarrollo cognitivo, la educación, la religión…

Por eso, es importante conocer el desarrollo cognitivo de los niños para saber cómo podemos abordar éste tema de un modo adaptativo.

Hasta los cinco años, los niños no entienden el concepto de la muerte como tal, no comprenden que la muerte es irreversible, definitiva y permanente, los niños en estas edades entienden la muerte como algo temporal, creen que la persona que ha muerto volverá a aparecer en algún momento, como sucede en los dibujos animados (donde los personajes mueren y reaparecen). También les cuesta comprender que todos debemos morir algún día, no entienden por qué debe pasar esto, y debido al pensamiento mágico típico de éstas edades, y al pensamiento egocéntrico pueden pensar que ellos son los culpables.

Es entre los 5 y los 7 años cuando en los niños se empieza a establecer el concepto de muerte.

Sobre los 9 – 10 años empiezan ya a pensar más como los adultos, pero aún no pueden imaginarse que alguien a quien ellos conocen pueda morir.

En la mayoría de los casos, el comunicar la muerte de un familiar a un niño es un paso muy difícil y doloroso, ya que al dolor que siente uno mismo, hay que añadirle la responsabilidad de comunicarlo a los niños, por eso creemos importante abordar éste tema y dar algunas pautas para que éste proceso sea lo más natural posible. El hecho de que sean niños no supone que no se den cuenta que algo está pasando, el hecho de no contarlo o de contarlo de un modo fantasioso, en mucho casos dificulta el proceso de duelo por el que el niño debe pasar.

También es común que los padres no quieran llevar a los niños al funeral de la persona fallecida para protegerlos así del dolor intentando que el niño no pase por ese mal trago, pero ¿realmente esto es lo mejor para ellos? De algún modo estamos impidiendo que el niño pase por el proceso de duelo y además, también impedimos que el niño se pueda despedir del familiar que se ha ido.

En definitiva, para ayudar a los niños en un proceso de duelo, debemos aceptar la muerte como parte de la vida, asumiendo el dolor que nos produce y sobretodo no escondiendo los sentimientos que esto nos provoca, es importante que los niños sepan que nosotros estamos tristes, y que ellos también pueden estarlo.

Es bueno hablar con los niños lo antes posible, una vez pasadas las primeras horas de confusión y dramatismo, usando palabras sencillas y sinceras.

Es positivo animar al niño a asistir y participar en los actos que se realicen, de modo que pueda formar parte de ellos y así ayudarle a comprender el significado de la muerte, explicándole previamente todo lo que va a suceder.

Si os ha interesado el tema y queréis más información podéis visitar las paginas siguientes:

http://perdedores.bitacoras.com/archivos/2005/05/06/un-paradigma-de-la-perdida-el-duelo-infantil

http://www.vivirlaperdida.com/dueloinfantil.htm

Arian Lacasta

CELOS ENTRE HERMANOS

Los celos afloran en los niños independientemente de la edad. Los padres debemos preparar a los niños para la llegada del bebé, fomentando sobre todo su autoestima y haciéndole partícipe de todo lo relacionado con la llegada del nuevo miembro de la familia. En definitiva, los padres debemos actuar con cariño, pero con firmeza y sin perder de vista sus criterios educativos.

¿Qué pautas debemos seguir para prevenirlos?

Es muy difícil dejar de ser el sol para ser una estrella más en el universo de la casa familiar, pero existen algunas pautas que debemos tener en cuenta para minimizar en los hijos mayores los efectos de la llegada de un nuevo miembro a la familia:

  • Mentalízale. Es recomendable que unos meses antes de que nazca el bebé abonemos el terreno y preparemos al hermano mayor para el nacimiento. Tampoco se recomienda hacerlo muy pronto para que no se les haga demasiado largo. Hacia el segundo trimestre del embarazo, es bueno hablarles de los cambios que se van a ir produciendo, pero conviene hacerlo con un lenguaje que entiendan y sin saturarles con demasiada información. Deben entender la parte positiva de tener un nuevo hermano o hermana.
  • Anticipa los cambios. Si se preveen cambios de habitación, es mejor hacerlos antes del nacimiento. Así, evitaremos que nuestro hijo piense que la llegada del bebé le va desplazar y le quita de su sitio.
  • Mantén su rutina. Cuando se aproxime el parto, no debemos cambiar las rutinas diarias del niño (hora de comer, aseo y dormir), aunque se deba marchar a casa de los abuelos o de otros familiares. Siempre que sea posible, es preferible que pase ese momento en su casa, rodeado de sus juguetes y de todo aquello que le da seguridad.
  • Evita otros cambios temporalmente. No es recomendable juntar la crisis de la llegada de un hermano con otros cambios importantes, como el ingreso en la escuela infantil o un cambio de domicilio.
  • Esfuérzate por prestarle atención. Intenta seguir pasando tiempo de calidad con tu otro hijo o hijos. Explícales que cuando nace un bebé, al principio la rutina de la vida diaria cambia un poco, es más agitada, pero luego todo volverá pronto a la normalidad.

Aunque una vez los niños crecen, los celos un poco los celos pueden seguir apareciendo tanto del mayor hacia el pequeño, como del pequeño hacia el mayor, por eso como padres,  deberíamos tener en cuenta:

  • No compararlos: deberíamos evitar las referencias a lo bien que se porta el hermano o al seguir el ejemplo del otro. Incluso abstenernos de comentar delante de ellos el hecho de que uno aprenda más rápidamente que el otro o lo espabilado que es éste en comparación con el otro.
  • Nadie nace enseñado: el pequeño puede sentirse mal por no saber hacer cosas que su hermano sí sabe (y quizá el mayor aproveche para chinchar al pequeño por esto mismo), nadie nace enseñado y al mayor también le costó aprender todo aquello que ahora hace tan bien.
  • Cada uno su espacio: aunque tengan la misma habitación deberían sentir que tienen su propio espacio, tanto físico como social. Es bueno dedicarles algún tiempo por separado a cada uno de ellos.
  • Lo mío es mío y lo suyo es suyo: el deseo de compartir las cosas debe nacer de uno mismo. Los niños pequeños suelen tocar todo lo de los mayores. Si el mayor no desea que su hermano toque según que cosas debemos respetar su decisión (y viceversa) el “déjale que tu hermano juegue con tus juguetes un rato” podemos sustituirlo por “tu hermano quiere jugar contigo o con alguna de tus cosas. ¿A qué crees que podríais jugar juntos o qué puedes dejarle para que juegue?”
  • Hoy es mi cumpleaños: algunos padres intentan igualar a sus hijos en todo momento para evitar discriminaciones, sin embargo hay momentos en que la igualdad simplemente no es tal y no hay que provocarla. Si es el día en que uno de ellos cumple años, el otro no tiene por qué recibir regalos. Es importante que acepten que unas veces le toca a uno y otras veces le toca a otro.

Si os interesa saber más sobre este tema podeis consultar las siguientes webs:

http://gabinetedepsicologia.com/ARTICULOS/los-celos-entre-hermanos.html

http://www.herrikoa.net/PDF/CELOS%20(La%20familia%20ante%20los%20celos%20infantiles).pdf

http://www.psicodiagnosis.es/areageneral/loscelosinfantiles/index.php

Laia Escobar

Inteligencia emocional

La inteligencia emocional es un concepto que está de actualidad, del que todo el mundo ha oído hablar en algún momento, pero del que es difícil definir su significado, ya que engloba muchos aspectos.

Para poder entender lo que significa la inteligencia emocional, primero debemos conocer ¿Qué es una emoción? Y ¿Cómo se produce?

Las emociones, podríamos decir que se producen en una secuencia de tres pasos:

1-      La información de nuestros sentidos llega a los centros emocionales del cerebro

2-      Como consecuencia se producen unas respuestas inconscientes e inmediatas del sistema nervioso autónomo y hormonal

3-      El cerebro interpreta la información.

Según esto, una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. En una emoción, la persona evalúa, consciente o inconscientemente, un acontecimiento como relevante respecto a un objetivo personal que es valorado como importante. Por tanto, la emoción es positiva cuando el acontecimiento supone un adelanto hacia el objetivo, y es negativa cuando supone un obstáculo.

El concepto de inteligencia emocional ha sido definido por varios autores, pero el que ha tenido más influencia ha sido el de Goleman (1995), según el cual, la inteligencia emocional consiste en:

1-      Conocer las propias emociones

2-      Regular las emociones

3-      Motivarse a sí mismo

4-      Reconocer las emociones de los demás

5-      Establecer relaciones positivas con las demás personas.

Si analizamos la información expuesta, es fácil darnos cuenta que si la inteligencia emocional consta de éstos 5 aspectos, es algo que se puede aprender, que se puede enseñar, y que parece que en los tiempos en los que vivimos es necesario ayudar a las personas a poder desarrollarla, y esto lo podemos realizar a través de la educación emocional.

La educación emocional es la respuesta a una necesidad social de desarrollar competencias emocionales. Se trata de un proceso educativo, continuo y permanente que pretende potenciar el desarrollo emocional con el objetivo de capacitar a las personas para afrontar mejor los restos que plantea la vida.

Con esto no queremos decir que la educación emocional deba ser una asignatura a parte (que podría), sino que la educación emocional debe estar presente en todo el proceso académico de los alumnos, adaptándola a las distintas situaciones que se presentan, y de éste modo poder generalizar éstos aprendizajes a otras situaciones de la vida.

Por otro lado, los padres y familiares también tienen un papel muy importante en la educación emocional. Muchos padres le dan importancia a éste concepto pero realmente no saben lo que significa, y por tanto, es difícil ayudar a los niños a desarrollar la inteligencia emocional cuando no se conoce, o no se lleva a cabo. Es importante que nosotros, los adultos seamos conocedores de éste concepto y lo desarrollemos para poder así ayudar a nuestros hijos a desarrollarlo también.

Actualmente, nos encontramos en una sociedad en la que se está fomentando el individualismo, la preocupación por uno mismo, el obtener lo que uno quiere sin importar el modo en el que se obtiene, por eso creemos importante hablar de la inteligencia y la educación emocional, porque creemos que es un aspecto que debe fomentarse en nuestra sociedad, debemos aprender cómo gestionar nuestras emociones, reconocerlas y poder actuar de un modo asertivo, debemos reaprender que nuestros comportamientos afectan a los demás tanto positiva como negativamente, debemos motivarnos a nosotros mismos para conseguir los objetivos que deseamos de un modo acorde con nuestros principios, que posteriormente no nos perturbe en el futuro. De modo que os animo a todos a desarrollar vuestra inteligencia emocional, a aprender a conocer vuestras emociones y a controlarlas en consecuencia, a motivaros a vosotros mismos para conseguir vuestros objetivos, a reconocer las emociones de los demás y poder ayudarles o prevenirles, y finalmente os animo a establecer también relaciones positivas con los demás que puedan ayudaros en vuestro camino.

 

Arian Lacasta

El embarazo en edades avanzadas

Debido a la gran acogida que tuvo el anterior post sobre el embarazo adolescente, hemos creído interesante abordar el mismo tema pero desde una vertiente distinta. En éste post queremos hablar sobre el embarazo en edades avanzadas.

Anteriormente, las mujeres tenían el primer hijo entre los 20 y los 30 años. Actualmente, la media de edad en que las mujeres tienen el primer hijo, va aumentando según pasan los años, de modo que ahora, se encuentra entre los 28 y los 30 años.

Sabemos que  a más edad, más riesgo en el embarazo, y aún así la media continúa aumentando, lo que nos lleva a preguntarnos ¿Porqué aún sabiendo que hay más riesgo, las mujeres se esperan hasta bordear los 30 años para tener el primer hijo?

Ante ésta cuestión, encontramos varias respuestas posibles, una de las más inmediatas es la cuestión laboral. Actualmente (y sobretodo en éste momento de crisis) las parejas esperan para tener un hijo hasta que tienen un entorno laboral, y una situación económica estable, lo que supone que entre la finalización de los estudios (si son universitarios), encontrar un trabajo y estabilizarse, se hace difícil que esto suceda antes de los 28-29 años.

Otras posibles respuestas abarcarían temáticas como la dificultad de encontrar una pareja estable, el sentimiento de “estar preparados para tener un hijo”…

A partir de los 35 años, se consideran los embarazos como embarazos de riesgo, donde madre e hijo tienen más posibilidades de tener ciertas complicaciones, algunas de ellas son las siguientes:

–       La hipertensión arterial y sus consecuencias:

  • Preclampsia: asociación de hipertensión arterial, edemas y la presencia de proteínas en la orina
  • Desprendimiento de la placenta
  • Bajo peso al nacer el bebé

–       Diabetes gestacional cuya frecuencia aumenta después de los 40.

–       El riesgo de prematurez es superior ya que el útero tiene menos capacidad para soportar un embarazo. Los riesgos de dar a luz a un bebé prematuro aumentan después de los 40 años.

–       Los fibromas uterinos son más frecuentes.

–       Se practican dos veces más cesáreas

–       El riesgo de trisomía 21 aumenta (Síndrome de Down)

–       Abortos espontáneos más frecuentes.

Aunque es importante mencionarlas, estas complicaciones normalmente son tratadas por los médicos, y con los cuidados adecuados se dan embarazos totalmente normales, y en la mayoría de casos no son determinantes para tener un bebe, ya que el deseo de las madres por tener un hijo supera todos éstos aspectos.

Pero también debemos cuestionarnos ¿hasta que edad se puede tener hijos?

Al plantearnos ésta pregunta, encontramos cierto paralelismo entre el embarazo adolescente y el  embarazo tardío. Como vimos anteriormente, la menstruación nos marca los periodos en los que la mujer es fértil, pero esto no significa que el cuerpo esté en las condiciones adecuadas. En la adolescencia el cuerpo todavía no está maduro para un embarazo, y en el caso de los embarazos tardíos, el cuerpo se podría decir que está ya “demasiado maduro”, por eso ambos son considerados embarazos de riesgo (lo que no significa que no se pueda concebir, pero si que hay más complicaciones). Otro aspecto a tener en cuenta es el aspecto de los efectos de la información. En la adolescencia vimos que la cantidad de información es muy elevada, pero que esto no consigue el efecto deseado, ya que el número de embarazos continúa aumentando. Del mismo modo, en los embarazos tardíos también se conoce la información (más riesgos, más complicaciones) pero la tasa también continua aumentando. En ambos casos, en muchas ocasiones los embarazos se producen por no usar los métodos anticonceptivos pertinentes, la diferencia radica en que en el caso de los adolescentes no se usan por causas de impulsividad o de irresponsabilidad, en cambio, en los embarazos tardíos (sobretodo a partir de los 45 años) la cercanía de la menopausia hace creer a las mujeres que ya no pueden quedarse embarazadas.

En cuanto a las implicaciones psicológicas nos planteamos también una serie de reflexiones a tener en cuenta.

Por un lado, el retraso actual de la maternidad (sobre los 30 años) puede suponer que la mujer, a éstas edades es más madura, y sabe mejor lo que quiere y como lo quiere, lo que supone una mejor adaptación al bebe y quizá un mayor deseo por ser madre que le facilitará la crianza y educación del pequeño. Muchas madres dicen que a éstas edades, los cuidados del bebe no se ven como un sacrificio y sí como una compensación. También sienten que sobre los 30 años ya han vivido la plenitud de todas sus etapas, y están preparadas para tener a su primer hijo, que ya han vivido la juventud plenamente y que ahora toca cambiar de etapa.

Por otro lado, en los casos en que realmente los embarazos son en edades muy avanzadas como pueden ser los 50 años, debemos plantearnos las dificultades que esto puede suponer tanto para la madre como para el niño. ¿Realmente las madres que se encuentran con bebés a los 50 años están preparadas para levantarse por las noches a atender a los niños y no poder dormir bien? ¿Podrán aguantar el ritmo físico de energía y de juegos que supone un niño pequeño? ¿Cuándo el niño tenga diez años, estará preparado para tener una madre con 60 años, que puede tener la misma edad que la abuela de alguno de sus compañeros? ¿cuándo el niño sea adolescente, la madre se verá con fuerzas para asimilar las dificultades de ésta etapa?

En definitiva, el embarazo es un tema que conlleva muchos aspectos a tener en cuenta, en el que lo primordial es tener el deseo de ser madre, pero hay que tener en cuenta una serie de cuestiones que a veces pueden pasar desapercibidas por éste deseo.

Al reflexionar sobre todo esto, solamente podemos concluir que ser madre (siempre que se desee) es algo bonito a cualquier edad, y sabemos a veces hay complicaciones, pero en muchos casos se superan con al amor por nuestros hijos.

Si queréis saber más cosas sobre éste tema, aquí os dejo algunos Links:

http://salud.kioskea.net/contents/grossesse/14_les-grossesses-tardives.php3

http://elembarazo.net/riesgos-en-el-embarazo-tardio.html

http://www.mujeractual.com/madres/embarazo/1.html

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=659345

Arian Lacasta

EL COLECHO

Muchos de vosotros sabréis a qué se refiere este concepto, pero otros muchos, como fue mi caso, posiblemente no habréis oído nunca esta palabra. Pues bien, os cuento cómo llegué yo a ella… Hace 19 meses pasé por la experiencia más bonita de mi vida: ser madre. Como tantas otras madres, decidí darle el pecho a mi hijo. Todo iba muy bien: el pequeño dormía en su moisés y cuando reclamaba comer, yo me despertaba alegremente y le proporcionaba su alimento y muchísimos “mimitos”. Fueron pasando los días y las semanas, y los meses,… y ya no me despertaba tan alegremente, simplemente me despertaba. Es cierto, el sueño me venció. Cuando el niño se quejaba de hambre, lo metía en nuestra cama, el comía y yo… ¡¡¡¡seguía durmiendo!!! Al cabo de un rato, a veces, minutos pero otras veces horas, me despertaba y me hacía consciente que me había quedado dormida mientras mi hijo comía.

Así fue, por culpa del sueño (y gracias a él), como poco a poco, el niño se hizo un hueco en nuestra cama… ¡¡Donde caben dos caben tres!!

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Al cabo de un tiempo, culpable por las críticas que recibía de unos y de otros (que si el niño tendría que dormir en su cuarto, que si estábamos haciéndole un “mal” porque no aprendería a dormir solo,… blablabla…), empecé a buscar todas las consecuencias negativas que sufriría mi pobre pequeño por la falta de criterio de sus padres (¡¡Qué gran locura dejarlo dormir con nosotros!!). Pues cuál fue mi sorpresa, cuando encontré que no simplemente no le estaba haciendo ningún mal, sino que además el dormir juntos era una práctica con nombre y todo (COLECHO), la cual tenía muchísimos beneficios tanto para el bebé como para fortalecer el vínculo entre nosotros.

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Algunos de los beneficios que aporta el colecho, es decir, el dormir con los hijos, son los siguientes:

– El bebé sabe que estás allí, lo que aumenta su seguridad y satisface su necesidad de sentirse protegido, permitiendo a los papás responder de manera más rápida a lo que pueda pasar (vómitos, tos, pesadillas,…)

– El bebé mamará más, lo que se traduce en una menor incidencia de enfermedades, y además, sin perturbar el sueño de la mamá.

– Mejora el ritmo cardíaco y la presión sanguínea del bebé. Sobretodo durante las primeras semanas de vida, el ritmo respiratorio del pequeño, al no ser suficientemente maduro, puede sufrir apneas. Si la madre duerme a su lado le proporciona al bebé un patrón de respiración que el niño puede imitar.

– El bebé tiene más tiempo de fase profunda del sueño, lo cual potencia su desarrollo mental.

– El dormir con tu bebé hace que se equilibre su temperatura corporal. Si siente frío le trasmitirás calor, si tiene calor lo regularizarás.

– Es una práctica muy eficaz para estimular el apego y el vínculo entre padres e hijos.

Por supuesto, como en cualquier otra práctica, también existen inconvenientes, como por ejemplo, riesgo de aplastamiento o asfixia del bebé. Es por ello que si se decide practicar el colecho es imprescindible tomar las precauciones necesarias para no asfixiar al bebé (poner cojines para evitar que se le pueda chafar, tener una cunita “sidecar” ,…) .

Basándome en mi experiencia, me gustaría terminar este post diciendo que disfruto cada día de la oportunidad de dormir con mi hijo, de besarle cuando él sueña, de calmarlo cuando se despierta asustado porque ha tenido una pesadilla, y sobretodo, de verle la carita de felicidad cuando por la mañana se despierta y yo estoy allí, a su lado, y de recibir esos besitos que me da que me transmiten un sinfín de emociones.

Así que, cuando llegue el momento de llevarlo a su habitación llegará, pero mientras tanto estoy dispùesta a disfrutar del colecho cada noche. Y, por supuesto, cuando llegue un hermanito, desde un principio le enseñaremos qué es colechar!!

Os dejo aquí algunos links que informan sobre este concepto, a ver qué os parecen…

http://www.crianzanatural.com.

http://www.unizar.es/med_naturista/lactancia.pdf

http://albalactanciamaterna.org/lactancia/colecho-lactancia-y-sindrome-de-muerte-subita-del-lactante-

http://www.mamasybebes.com/2011/04/todo-sobre-el-colecho/

Joanna Arroyo

Miedos infantiles

Miedos infantiles es como se definen una serie de situaciones habituales y conocidas que se repiten en la mayoría de niños de todo el mundo, algunos ejemplos pueden ser el miedo a los médicos, el miedo a las inyecciones, el miedo a separarse de la madre, el miedo a la nocturnidad, el miedo a las muñecas, al colegio, etc. Son miedos con un denominador común, una función de adaptación que permite que los niños puedan estar más prevenidos y busquen apoyo en las personas más cercanas, habitualmente los padres.

Los miedos infantiles en la mayoría de casos contribuyen a que los niños evolucionen y se adapten al entorno, pero es un tema que todos los padres debemos respetar y nunca llegar a ridiculizar, se debe ayudar y apoyar al niño consolándole para que poco a poco logre superarlos.

El miedo es una respuesta normal que se da en todas las personas y a cualquier edad, apareciendo en situaciones imaginarias o reales, se define como una respuesta ofrecida por nuestro organismo, una señal de alerta para que se tomen las precauciones oportunas para evitar enfrentarse al supuesto peligro.

En los miedos infantiles aparece también un elemento común que suele jugarles a los niños una mala pasada, se trata de la fantasía. Recrear una determinada situación o un personaje imaginario puede provocar verdadero temor, más que cualquiera de las situaciones reales que se podrían vivir. Por eso podemos encontrarnos niños que se asustan ante un trueno, ante la oscuridad… los estímulos externos se conjugan con la imaginación causando una situación de pavor que como resultado causa la búsqueda del amparo de los padres.

Como hemos dicho anteriormente, estos miedos son normales e incluso se pueden catalogar como saludables, ya que están asociados a un proceso de aprendizaje y desarrollo, a medida que los niños evolucionan estos temores o miedos infantiles deben desaparecer. Como padres nunca debemos menospreciar esos miedos, sino apoyar a los niños con la comprensión y el cariño, factores que contribuyen a la evolución y superación.

Además debemos tener en cuenta un serie de normas para actuar ante estos miedos infantiles, nunca debemos ser padres sobreprotectores, ya que entorpeceríamos la evolución del niño para que ganara poco a poco la confianza y la seguridad necesaria para superarlos. Hay que elegir bien los cuentos infantiles que leeremos a los niños para no acrecentar sus temores a través de los personajes que aparecen en los cuentos.

Tampoco debemos ser participes en la creación de esos miedos, un ejemplo sería si castigamos a los niños nombrándoles personajes imaginarios como el “hombre del saco”, una situación que puede provocar temor y un miedo innecesario que se sumaría al resto de miedos ya sufridos. Los especialistas aconsejan no sobredimensionar o justificar los miedos, es decir, no hay que decirles a los niños que sus temores también son sufridos por otros pequeños.

En definitiva, debemos comprender que los miedos infantiles son un proceso natural y que nosotros debemos intervenir en su justa medida con una dosis de psicología, poco a poco los niños se adaptan a la realidad y terminan por superarlos.

 

Laia Escobar

Los niños prematuros pueden tener problemas de lenguaje

Sumada a todas las complicaciones ya conocidas por las que debe atravesar un bebé prematuro, es decir, un niño que nació con menos de 37 semanas de gestación, ahora se conoce que estos pequeños podrían manifestar en su desarrollo grandes problemas de lenguaje, comparados a aquellos niños que tienen la suerte de nacer a término.

Esto se pudo conocer gracias a un nuevo estudio llevado a cabo por la Academia Estadunidense de Pediatría. Todo el proyecto estuvo a cargo de Inge L.van Noort-van der Spek, quien por el momento declaró que si bien se conocen las posibilidades no se sabe aún si esos problemas de lenguaje pueden disminuir, empeorar o mantenerse estable a lo largo del tiempo y de su vida.
Según los datos que emite la World Health Organization, hay un total de 13 millones de bebés en el mundo que nacen de forma prematura cada año, y que como prematuros tienen serias posibilidades de desarrollar discapacidades importantes tales como retraso mental, parálisis cerebral, disfunciones visuales y auditivas graves, o trastornos de aprendizaje y como sabemos ahora, de lenguaje.
Para desarrollar la investigación se trabajó con una base de datos de estudios publicados entre el período comprendido por enero de 1995 y marzo del 2011, realizados en base a las funciones del lenguaje en niños nacidos antes de tiempo. La idea original era la de determinar cuál es el curso de desarrollo de las funciones del habla en esos niños nacidos de manera prematura, comparados a los niños nacidos con un tiempo promedio de gestación.
Se realizaron comparativas y las diferencias entre ambos grupos demostraron que se hacían más evidentes sobre todo hacia las edades entre los 3 y los 12 años. Los investigadores comentaron la importancia de realizar una detección oportuna de este tipo de problemas en los niños y realizar, una intervención a tiempo para tratar los problemas de idioma en esta creciente y vulnerable población de niños prematuros, ya que de esa manera solamente se pueden prevenir problemas emocionales y sociales, déficits de aprendizaje, problemas de conducta y de desarrollo personal, pudiendo llegar a evitar la necesidad de educación especial.
Concretamente, los bebés prematuros van encontrando serias dificultades con la función de un lenguaje complejo a medida que van creciendo, por lo que es necesario tener en cuenta esa posibilidad en el seguimiento médico del desarrollo de este tipo de niños

 

 

Para saber más sobre el tema podeis visitar el siguiente enlace:

http://www.sap.org.ar/docs/congresos/2010/neo/martineztrastornos.pdf

 

 

Laia Escobar