Inteligencia emocional

La inteligencia emocional es un concepto que está de actualidad, del que todo el mundo ha oído hablar en algún momento, pero del que es difícil definir su significado, ya que engloba muchos aspectos.

Para poder entender lo que significa la inteligencia emocional, primero debemos conocer ¿Qué es una emoción? Y ¿Cómo se produce?

Las emociones, podríamos decir que se producen en una secuencia de tres pasos:

1-      La información de nuestros sentidos llega a los centros emocionales del cerebro

2-      Como consecuencia se producen unas respuestas inconscientes e inmediatas del sistema nervioso autónomo y hormonal

3-      El cerebro interpreta la información.

Según esto, una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. En una emoción, la persona evalúa, consciente o inconscientemente, un acontecimiento como relevante respecto a un objetivo personal que es valorado como importante. Por tanto, la emoción es positiva cuando el acontecimiento supone un adelanto hacia el objetivo, y es negativa cuando supone un obstáculo.

El concepto de inteligencia emocional ha sido definido por varios autores, pero el que ha tenido más influencia ha sido el de Goleman (1995), según el cual, la inteligencia emocional consiste en:

1-      Conocer las propias emociones

2-      Regular las emociones

3-      Motivarse a sí mismo

4-      Reconocer las emociones de los demás

5-      Establecer relaciones positivas con las demás personas.

Si analizamos la información expuesta, es fácil darnos cuenta que si la inteligencia emocional consta de éstos 5 aspectos, es algo que se puede aprender, que se puede enseñar, y que parece que en los tiempos en los que vivimos es necesario ayudar a las personas a poder desarrollarla, y esto lo podemos realizar a través de la educación emocional.

La educación emocional es la respuesta a una necesidad social de desarrollar competencias emocionales. Se trata de un proceso educativo, continuo y permanente que pretende potenciar el desarrollo emocional con el objetivo de capacitar a las personas para afrontar mejor los restos que plantea la vida.

Con esto no queremos decir que la educación emocional deba ser una asignatura a parte (que podría), sino que la educación emocional debe estar presente en todo el proceso académico de los alumnos, adaptándola a las distintas situaciones que se presentan, y de éste modo poder generalizar éstos aprendizajes a otras situaciones de la vida.

Por otro lado, los padres y familiares también tienen un papel muy importante en la educación emocional. Muchos padres le dan importancia a éste concepto pero realmente no saben lo que significa, y por tanto, es difícil ayudar a los niños a desarrollar la inteligencia emocional cuando no se conoce, o no se lleva a cabo. Es importante que nosotros, los adultos seamos conocedores de éste concepto y lo desarrollemos para poder así ayudar a nuestros hijos a desarrollarlo también.

Actualmente, nos encontramos en una sociedad en la que se está fomentando el individualismo, la preocupación por uno mismo, el obtener lo que uno quiere sin importar el modo en el que se obtiene, por eso creemos importante hablar de la inteligencia y la educación emocional, porque creemos que es un aspecto que debe fomentarse en nuestra sociedad, debemos aprender cómo gestionar nuestras emociones, reconocerlas y poder actuar de un modo asertivo, debemos reaprender que nuestros comportamientos afectan a los demás tanto positiva como negativamente, debemos motivarnos a nosotros mismos para conseguir los objetivos que deseamos de un modo acorde con nuestros principios, que posteriormente no nos perturbe en el futuro. De modo que os animo a todos a desarrollar vuestra inteligencia emocional, a aprender a conocer vuestras emociones y a controlarlas en consecuencia, a motivaros a vosotros mismos para conseguir vuestros objetivos, a reconocer las emociones de los demás y poder ayudarles o prevenirles, y finalmente os animo a establecer también relaciones positivas con los demás que puedan ayudaros en vuestro camino.

 

Arian Lacasta

¿QUIÉN Y CUANDO ES NECESARIO ACUDIR AL LOGOPEDA?

Inicialmente, la logopedia surgió con el fin de atender aquellos trastornos relacionados con la comunicación de los más pequeños, y precisamente este grupo social es el que muchos padres y la mayoría de población piensan que son los que solamente deben y/o pueden acudir a un logopeda. Pero, no es así, lo cierto es que esta ciencia trata los diferentes grupos sociales, es decir: niños, jóvenes, adultos y gente de la tercera edad. Así que su campo de actuación es más amplio de lo que la sociedad concibe.

En primer lugar, si nos centramos en  los más pequeños, las patologías más relevantes son problemas en el habla,  en el lenguaje y en la lectoescritura, entre otras. Y como padres, seguramente nos preguntamos cuales son las situaciones en las que nuestro hijo debería ir al logopeda, pues para ellos existen indicadores o síntomas que nos pueden ayudar a tomar esa decisión. Éstos serán los siguientes:

–          Si no habla o habla muy poco.

–          Si es difícil o no comprendemos a nuestro hijo cuando habla.

–          Si tiene dificultades para pronunciar algún sonido.

–          Si se salta algún sonido o agrega otros que no corresponden.

–          Si respira con la boca abierta.

–          Si se pone afónico con frecuencia o de forma continuada.

–          Si presenta cambios muy drásticos en la voz.

–          Si se observa que tiene dificultades para oír o si, aún oyendo bien, encuentra.

–         Dificultades para discriminar algún sonido.

–          Si presenta alteraciones sensoriales.

–          Si presenta alguna alteración física, como la parálisis cerebral o la espina bífida.

–          Si presenta un retraso general en el desarrollo y el lenguaje, autismos y otros síndromes.

–          Si presenta dificultades a la hora de leer o escribir correctamente.

Así pues, si algunos de nuestros hijos presenta alguno o varios de estos síntomas, lo más conveniente será concretar una cita logopédica y salir de dudas, así como iniciar el tratamiento más adecuado lo antes posible.

En segundo lugar, en el caso de los jóvenes y adultos los síntomas o indicadores relevantes para acudir a un logopeda son:

–          Que esté diagnosticado de nódulos, pólipos,…

–          Que se encuentre afónico con frecuencia.

–          Que muestre dificultades para deglutir (tragar).

–          Que tartamudee con frecuencia.

–          Que se le haya diagnosticado alguna enfermedad neurodegenerativa como Parkinson, Alzheimer….

–          Que haya padecido un accidente cerebro-vascular (Afasias).

–          Que tenga pérdidas de lenguaje, vocabulario, memoria, atención, cálculo.

Aunque también pueden presentar patologías similares a las que padecen los niños, por no haber solucionado el problema años atrás, en  el momento más oportuno.

Así  que cualquier adolescente o persona adulta que sufra alguna de estas patologías, también deberá consultar a un logopeda su problema y buscar las soluciones más eficaces posibles, dependiendo de su grado y de su edad.

Por último, encontramos esa parte de la población que se encuentra en edades avanzadas, y es en este aspecto donde quiero hacer más hincapié. La razón es porqué muchas familias que observan y padecen en alguno de sus familiares (de la tercera edad), problemas o alteraciones en su lenguaje y en su comunicación a causa de alguna lesión cerebral como hemos dicho anteriormente, o a causa de alguna demencia, no buscan soluciones que mejoren su calidad de vida. En múltiples ocasiones, la familia a nivel económico no puede, pero en otras ocasiones ésta opta por enviarlo a una residencia donde puedan cuidarlo mejor, o a veces la familia se despreocupa y aunque sea cruel, piensan que por la poca esperanza de vida que les queda no vale la pena buscar soluciones para rehabilitar,  mejorar o  paliar sus capacidades más afectadas.

Así pues, quiero que las familias tomen conciencia y se pongan en el lugar de sus más allegados que sufren o han sufrido problemas cerebrales que han repercutido en su comunicación con el mundo y han cambiado radicalmente su vida. Y piensen en que los logopedas, son profesionales que pueden con constancia y dedicación rehabilitar todos aquellos problemas lingüísticos, auditivos, vocálicos… que el paciente sufre. O  bien en el caso de las demencias, potenciar y trabajar sus capacidades preservadas y paliar su evolución.

A continuación podreis ver varios vídeos en los cuales observareis perfectamente varios pacientes  adulto y anciano) que  por diversas causas su comunicación se ha visto gravemente afectada:

En las siguientes direcciones podeis conocer más aspectos relacionados on este artículo:

Laia Escobar

Como ayudar en el aprendizaje de nuestros hijos

Cómo todos sabéis se acerca la época de los exámenes finales, y en muchas casas empiezan a sonar algunas frases típicas como: “hay mucho temario”, “es imposible”, no me va a dar tiempo”, “voy a suspender”, “esto no lo entiendo”…

Cada estudiante se organiza el tiempo según sus necesidades, pero como norma general, los estudiantes tienden a concentrar muchas horas de estudio en muy pocos días. Éste tipo de organización suele aumentar la ansiedad y los nervios de los exámenes, provocando una mayor dificultad para atender realmente a lo que se está estudiando (cuesta concentrarse en lo que se está estudiando, cuando queda poco tiempo y mucha materia para estudiar),  lo que acaba provocando un estudio superficial destinado solamente a aprobar el examen, y que no conlleva un buen aprendizaje, ya que probablemente, al haber estudiado con poco tiempo y de memoria, al año siguiente es probable que se deba volver a estudiar de nuevo.

Muchos padres se angustian también en éstas épocas puesto que la tendencia general es intentar ayudar a los hijos a aprobar la asignatura, pero existe una dificultad, y es que los padres no son profesores. Hay muchos aspectos que, ya sea por olvido o por no haberlo trabajado, es imposible enseñar a los hijos, y esto a veces  provoca cierta frustración y un cierto sentimiento de inferioridad, e impotencia al no poder explicarle a nuestro hijo como se hacía el Teorema de Pitágoras, o como se hace una raíz cuadrada.

 

Por esto, creo importante remarcar que aunque los padres si deben ayudar a sus hijos, su labor no es enseñar el temario (para eso están los profesores), la labor de los padres pasa por otra serie de cuestiones que colaboran en la obtención de un buen aprendizaje. ¿Cómo pueden  los padres ayudar a sus hijos a adquirir un buen aprendizaje?

–          Organización: Uno de los aspectos más importante para el aprendizaje en el que los padres pueden ayudar a sus hijos, es tener una buena organización del  tiempo. Para ello es importante establecer un buen hábito de estudio. Es recomendable estudiar un poco cada día, repasar el temario a medida que se va trabajando, en lugar de estudiarlo todo a última hora. Esto nos permite una mejor interiorización de los conceptos (ya que se da de manera constante y dinámica), y también evitamos el agobio que sufren los estudiantes ante la falta de tiempo. De modo que establecer un horario de estudio con los niños, en que cada día dediquen un tiempo a repasar los conceptos adquiridos puede ayudarles mucho.

–          Cambio de idea: Ayudar  a los niños a comprender que aprender no es simplemente aprenderse de memoria una serie de frases para después recitarlas en el examen, aprender significa mucho más. Implica que, sin despreciar el aspecto memorístico que también es importante, debemos priorizar que los niños entiendan aquello que están estudiando, que sean capaces de generalizarlo a otros aspectos de su vida, que sean capaces de explicarlo con sus propias palabras.

–           Conceptos: Los padres también pueden ayudar en cuanto a la adquisición de conceptos, en aquellos conceptos que  recuerden, o en enseñar algunos trucos de aprendizaje, pero de manera que esto sirva como  apoyo  al alumno, pero no deben responsabilizarse de no conocer la materia.

En definitiva, los padres pueden ayudar a sus hijos a estudiar estableciendo una serie de hábitos y de conceptos que permitan un mejor aprendizaje. De modo que no hay que centrarse tanto en el apoyo en la materia o materias propiamente (no todos los padres saben mucho, o se acuerdan, de las lecciones de matemáticas, ni de lengua…), sino que deben intentar que los estudiantes sean capaces de aprender de forma autónoma, utilizando todos los recursos que tienen a su alrededor (maestros, internet, libros de texto…), teniendo una buena organización del tiempo (de modo que si no entienden algún aspecto de la materia puedan ir a preguntarle al profesor en el momento en el que no lo han entendido, y no justo antes del examen cuando el profesor ya no tiene tiempo de atenderle). Así conseguimos ayudar a nuestros a mejorar en sus aprendizaje y reducir la ansiedad tanto de los estudiantes como (en muchas ocasiones) de los padres.

 

Arian Lacasta