Las relaciones sociales en la adolescencia

La adolescencia supone la etapa de nuestros hijos en que se produce una transición de la dependencia hacia la familia a una independencia progresiva propia de la vida adulta. Esta natural lucha por la propia autonomía y por ganar espacios propios suponen un cambio importante en las relaciones sociales que nuestros hijos tienen con su entorno. A diferencia de la infancia donde la familia constiuíamos el grupo más importante y casi único de referencia, en la adolescencia nuestro hijo va a ampliar sus referentes a las relaciones que mantiene con sus compañeros y la influencia de los medios de comunicación ( series de televisión, películas, ídolos sociales, etc.) van a adquirir una mayor relevancia.

En esta etapa, los amigos se eligen no solo por la cercanía y por el disfrute de actividades comunes, como la infancia, sino que empiezan a elegirse en mayor medida por similitud en los valores, las actitudes y los intereses; además, se toman gran relevancia valores como la intimidad, la lealtad y la sinceridad.

El tiempo que nuestros hijos pasan con sus amigos aumenta progresivamente durante la adolescencia,así como la necesidad de pertenecer a un grupo u otro. En el grupo, nuestro hijo adolescente se ve fuertemente influenciado por las normas que el propio grupo establece, así como por las actitudes y conductas que son “bien vistas”. Esta influencia por el grupo es normal y se explica por la necesidad de desarrollar  la identidad propia, sin embargo puede llegar a a ser peligrosa cuando nuestros hijos nos son capaces de tomar decisiones propias y valorar sus propias opiniones e ideas. Por ello es crítico en esta etapa favorecer el valorar sus propias opiniones e ideas y favorecer el desarrollo de la asertividad en nuestros hijos – la capacidad de decir no y defender los propios derechos-.

Un suceso determinante en esta etapa es el primer enamoramiento y el descubrimiento del amor por un compañero o compañera. Este suceso es uno de los más importantes de la vida del adolescente, y será recordado a lo largo de su vida adulta por la intensidad y la novedad de los sentimientos que experimenta. Estas relaciones pueden estar cargadas de idealismo y elevadas expectativas, muchas veces animadas por los medios de comunicación, que pueden llevar al adolescente a vivir verdaderos dramas sentimentales. Desde el mundo adulto es importante concederle la importancia que merece, sin tratar de ridiculizar los sentimiento del adolescente.

Aunque la influencia de los amigos aumenta en esta etapa, esto no quiere decir que la familia ya no influyamos en el desarrollo de los hijos. La manera en que los padres afrontemos esta etapa, será crucial en el paso de nuestro hijo a la vida adulta.

 

Laia Escobar

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