El duelo infantil

El tema de la muerte es un tema difícil de  abordar, del que normalmente no nos gusta hablar demasiado y que en muchas ocasiones evitamos. La actitud que nosotros tomamos hacia la muerte se ve reflejada en nuestros hijos, de modo que probablemente nuestros hijos tomen el mismo modelo de comportamiento.

En nuestra sociedad, la muerte es un tema “tabu”, nos cuesta conceptualizar la muerte como parte de la vida, es difícil concebir que nuestro tiempo es limitado, y encima nunca sabemos cuándo va a llegar éste fin.

Hay algunas culturas donde la muerte es motivo de celebración, se cree que la persona que ha fallecido está ahora en un lugar mejor, y en muchos casos, ya ha dejado de sufrir. Esta concepción resulta increíble para nosotros, ya que para nosotros, la muerte es la pérdida de una persona querida, y nos cuesta imaginar cómo podremos seguir viviendo sin el contacto con esa persona.

Si para los adultos es difícil hablar sobre ello, es fácil pensar que todavía más complicado es tratarlo con los niños. Hay la tendencia a pensar que hay que apartar a los niños de todo lo relacionado con la muerte para que no sufran, creemos que si los niños no presencian esa situación, no la sufrirán. Pero ¿realmente podemos evitar que los niños se vean afectados por la muerte de algún familiar? ¿Realmente los niños no se dan cuenta de lo que está pasando? ¿Es beneficioso para ellos ocultarle éste suceso?

La muerte, es un concepto abstracto y complejo, y por tanto, el modo de abordarlo debe depender de la edad, la cultura, el desarrollo cognitivo, la educación, la religión…

Por eso, es importante conocer el desarrollo cognitivo de los niños para saber cómo podemos abordar éste tema de un modo adaptativo.

Hasta los cinco años, los niños no entienden el concepto de la muerte como tal, no comprenden que la muerte es irreversible, definitiva y permanente, los niños en estas edades entienden la muerte como algo temporal, creen que la persona que ha muerto volverá a aparecer en algún momento, como sucede en los dibujos animados (donde los personajes mueren y reaparecen). También les cuesta comprender que todos debemos morir algún día, no entienden por qué debe pasar esto, y debido al pensamiento mágico típico de éstas edades, y al pensamiento egocéntrico pueden pensar que ellos son los culpables.

Es entre los 5 y los 7 años cuando en los niños se empieza a establecer el concepto de muerte.

Sobre los 9 – 10 años empiezan ya a pensar más como los adultos, pero aún no pueden imaginarse que alguien a quien ellos conocen pueda morir.

En la mayoría de los casos, el comunicar la muerte de un familiar a un niño es un paso muy difícil y doloroso, ya que al dolor que siente uno mismo, hay que añadirle la responsabilidad de comunicarlo a los niños, por eso creemos importante abordar éste tema y dar algunas pautas para que éste proceso sea lo más natural posible. El hecho de que sean niños no supone que no se den cuenta que algo está pasando, el hecho de no contarlo o de contarlo de un modo fantasioso, en mucho casos dificulta el proceso de duelo por el que el niño debe pasar.

También es común que los padres no quieran llevar a los niños al funeral de la persona fallecida para protegerlos así del dolor intentando que el niño no pase por ese mal trago, pero ¿realmente esto es lo mejor para ellos? De algún modo estamos impidiendo que el niño pase por el proceso de duelo y además, también impedimos que el niño se pueda despedir del familiar que se ha ido.

En definitiva, para ayudar a los niños en un proceso de duelo, debemos aceptar la muerte como parte de la vida, asumiendo el dolor que nos produce y sobretodo no escondiendo los sentimientos que esto nos provoca, es importante que los niños sepan que nosotros estamos tristes, y que ellos también pueden estarlo.

Es bueno hablar con los niños lo antes posible, una vez pasadas las primeras horas de confusión y dramatismo, usando palabras sencillas y sinceras.

Es positivo animar al niño a asistir y participar en los actos que se realicen, de modo que pueda formar parte de ellos y así ayudarle a comprender el significado de la muerte, explicándole previamente todo lo que va a suceder.

Si os ha interesado el tema y queréis más información podéis visitar las paginas siguientes:

http://perdedores.bitacoras.com/archivos/2005/05/06/un-paradigma-de-la-perdida-el-duelo-infantil

http://www.vivirlaperdida.com/dueloinfantil.htm

Arian Lacasta

CELOS ENTRE HERMANOS

Los celos afloran en los niños independientemente de la edad. Los padres debemos preparar a los niños para la llegada del bebé, fomentando sobre todo su autoestima y haciéndole partícipe de todo lo relacionado con la llegada del nuevo miembro de la familia. En definitiva, los padres debemos actuar con cariño, pero con firmeza y sin perder de vista sus criterios educativos.

¿Qué pautas debemos seguir para prevenirlos?

Es muy difícil dejar de ser el sol para ser una estrella más en el universo de la casa familiar, pero existen algunas pautas que debemos tener en cuenta para minimizar en los hijos mayores los efectos de la llegada de un nuevo miembro a la familia:

  • Mentalízale. Es recomendable que unos meses antes de que nazca el bebé abonemos el terreno y preparemos al hermano mayor para el nacimiento. Tampoco se recomienda hacerlo muy pronto para que no se les haga demasiado largo. Hacia el segundo trimestre del embarazo, es bueno hablarles de los cambios que se van a ir produciendo, pero conviene hacerlo con un lenguaje que entiendan y sin saturarles con demasiada información. Deben entender la parte positiva de tener un nuevo hermano o hermana.
  • Anticipa los cambios. Si se preveen cambios de habitación, es mejor hacerlos antes del nacimiento. Así, evitaremos que nuestro hijo piense que la llegada del bebé le va desplazar y le quita de su sitio.
  • Mantén su rutina. Cuando se aproxime el parto, no debemos cambiar las rutinas diarias del niño (hora de comer, aseo y dormir), aunque se deba marchar a casa de los abuelos o de otros familiares. Siempre que sea posible, es preferible que pase ese momento en su casa, rodeado de sus juguetes y de todo aquello que le da seguridad.
  • Evita otros cambios temporalmente. No es recomendable juntar la crisis de la llegada de un hermano con otros cambios importantes, como el ingreso en la escuela infantil o un cambio de domicilio.
  • Esfuérzate por prestarle atención. Intenta seguir pasando tiempo de calidad con tu otro hijo o hijos. Explícales que cuando nace un bebé, al principio la rutina de la vida diaria cambia un poco, es más agitada, pero luego todo volverá pronto a la normalidad.

Aunque una vez los niños crecen, los celos un poco los celos pueden seguir apareciendo tanto del mayor hacia el pequeño, como del pequeño hacia el mayor, por eso como padres,  deberíamos tener en cuenta:

  • No compararlos: deberíamos evitar las referencias a lo bien que se porta el hermano o al seguir el ejemplo del otro. Incluso abstenernos de comentar delante de ellos el hecho de que uno aprenda más rápidamente que el otro o lo espabilado que es éste en comparación con el otro.
  • Nadie nace enseñado: el pequeño puede sentirse mal por no saber hacer cosas que su hermano sí sabe (y quizá el mayor aproveche para chinchar al pequeño por esto mismo), nadie nace enseñado y al mayor también le costó aprender todo aquello que ahora hace tan bien.
  • Cada uno su espacio: aunque tengan la misma habitación deberían sentir que tienen su propio espacio, tanto físico como social. Es bueno dedicarles algún tiempo por separado a cada uno de ellos.
  • Lo mío es mío y lo suyo es suyo: el deseo de compartir las cosas debe nacer de uno mismo. Los niños pequeños suelen tocar todo lo de los mayores. Si el mayor no desea que su hermano toque según que cosas debemos respetar su decisión (y viceversa) el “déjale que tu hermano juegue con tus juguetes un rato” podemos sustituirlo por “tu hermano quiere jugar contigo o con alguna de tus cosas. ¿A qué crees que podríais jugar juntos o qué puedes dejarle para que juegue?”
  • Hoy es mi cumpleaños: algunos padres intentan igualar a sus hijos en todo momento para evitar discriminaciones, sin embargo hay momentos en que la igualdad simplemente no es tal y no hay que provocarla. Si es el día en que uno de ellos cumple años, el otro no tiene por qué recibir regalos. Es importante que acepten que unas veces le toca a uno y otras veces le toca a otro.

Si os interesa saber más sobre este tema podeis consultar las siguientes webs:

http://gabinetedepsicologia.com/ARTICULOS/los-celos-entre-hermanos.html

http://www.herrikoa.net/PDF/CELOS%20(La%20familia%20ante%20los%20celos%20infantiles).pdf

http://www.psicodiagnosis.es/areageneral/loscelosinfantiles/index.php

Laia Escobar

Inteligencia emocional

La inteligencia emocional es un concepto que está de actualidad, del que todo el mundo ha oído hablar en algún momento, pero del que es difícil definir su significado, ya que engloba muchos aspectos.

Para poder entender lo que significa la inteligencia emocional, primero debemos conocer ¿Qué es una emoción? Y ¿Cómo se produce?

Las emociones, podríamos decir que se producen en una secuencia de tres pasos:

1-      La información de nuestros sentidos llega a los centros emocionales del cerebro

2-      Como consecuencia se producen unas respuestas inconscientes e inmediatas del sistema nervioso autónomo y hormonal

3-      El cerebro interpreta la información.

Según esto, una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que predispone a una respuesta organizada. En una emoción, la persona evalúa, consciente o inconscientemente, un acontecimiento como relevante respecto a un objetivo personal que es valorado como importante. Por tanto, la emoción es positiva cuando el acontecimiento supone un adelanto hacia el objetivo, y es negativa cuando supone un obstáculo.

El concepto de inteligencia emocional ha sido definido por varios autores, pero el que ha tenido más influencia ha sido el de Goleman (1995), según el cual, la inteligencia emocional consiste en:

1-      Conocer las propias emociones

2-      Regular las emociones

3-      Motivarse a sí mismo

4-      Reconocer las emociones de los demás

5-      Establecer relaciones positivas con las demás personas.

Si analizamos la información expuesta, es fácil darnos cuenta que si la inteligencia emocional consta de éstos 5 aspectos, es algo que se puede aprender, que se puede enseñar, y que parece que en los tiempos en los que vivimos es necesario ayudar a las personas a poder desarrollarla, y esto lo podemos realizar a través de la educación emocional.

La educación emocional es la respuesta a una necesidad social de desarrollar competencias emocionales. Se trata de un proceso educativo, continuo y permanente que pretende potenciar el desarrollo emocional con el objetivo de capacitar a las personas para afrontar mejor los restos que plantea la vida.

Con esto no queremos decir que la educación emocional deba ser una asignatura a parte (que podría), sino que la educación emocional debe estar presente en todo el proceso académico de los alumnos, adaptándola a las distintas situaciones que se presentan, y de éste modo poder generalizar éstos aprendizajes a otras situaciones de la vida.

Por otro lado, los padres y familiares también tienen un papel muy importante en la educación emocional. Muchos padres le dan importancia a éste concepto pero realmente no saben lo que significa, y por tanto, es difícil ayudar a los niños a desarrollar la inteligencia emocional cuando no se conoce, o no se lleva a cabo. Es importante que nosotros, los adultos seamos conocedores de éste concepto y lo desarrollemos para poder así ayudar a nuestros hijos a desarrollarlo también.

Actualmente, nos encontramos en una sociedad en la que se está fomentando el individualismo, la preocupación por uno mismo, el obtener lo que uno quiere sin importar el modo en el que se obtiene, por eso creemos importante hablar de la inteligencia y la educación emocional, porque creemos que es un aspecto que debe fomentarse en nuestra sociedad, debemos aprender cómo gestionar nuestras emociones, reconocerlas y poder actuar de un modo asertivo, debemos reaprender que nuestros comportamientos afectan a los demás tanto positiva como negativamente, debemos motivarnos a nosotros mismos para conseguir los objetivos que deseamos de un modo acorde con nuestros principios, que posteriormente no nos perturbe en el futuro. De modo que os animo a todos a desarrollar vuestra inteligencia emocional, a aprender a conocer vuestras emociones y a controlarlas en consecuencia, a motivaros a vosotros mismos para conseguir vuestros objetivos, a reconocer las emociones de los demás y poder ayudarles o prevenirles, y finalmente os animo a establecer también relaciones positivas con los demás que puedan ayudaros en vuestro camino.

 

Arian Lacasta

El embarazo en edades avanzadas

Debido a la gran acogida que tuvo el anterior post sobre el embarazo adolescente, hemos creído interesante abordar el mismo tema pero desde una vertiente distinta. En éste post queremos hablar sobre el embarazo en edades avanzadas.

Anteriormente, las mujeres tenían el primer hijo entre los 20 y los 30 años. Actualmente, la media de edad en que las mujeres tienen el primer hijo, va aumentando según pasan los años, de modo que ahora, se encuentra entre los 28 y los 30 años.

Sabemos que  a más edad, más riesgo en el embarazo, y aún así la media continúa aumentando, lo que nos lleva a preguntarnos ¿Porqué aún sabiendo que hay más riesgo, las mujeres se esperan hasta bordear los 30 años para tener el primer hijo?

Ante ésta cuestión, encontramos varias respuestas posibles, una de las más inmediatas es la cuestión laboral. Actualmente (y sobretodo en éste momento de crisis) las parejas esperan para tener un hijo hasta que tienen un entorno laboral, y una situación económica estable, lo que supone que entre la finalización de los estudios (si son universitarios), encontrar un trabajo y estabilizarse, se hace difícil que esto suceda antes de los 28-29 años.

Otras posibles respuestas abarcarían temáticas como la dificultad de encontrar una pareja estable, el sentimiento de “estar preparados para tener un hijo”…

A partir de los 35 años, se consideran los embarazos como embarazos de riesgo, donde madre e hijo tienen más posibilidades de tener ciertas complicaciones, algunas de ellas son las siguientes:

–       La hipertensión arterial y sus consecuencias:

  • Preclampsia: asociación de hipertensión arterial, edemas y la presencia de proteínas en la orina
  • Desprendimiento de la placenta
  • Bajo peso al nacer el bebé

–       Diabetes gestacional cuya frecuencia aumenta después de los 40.

–       El riesgo de prematurez es superior ya que el útero tiene menos capacidad para soportar un embarazo. Los riesgos de dar a luz a un bebé prematuro aumentan después de los 40 años.

–       Los fibromas uterinos son más frecuentes.

–       Se practican dos veces más cesáreas

–       El riesgo de trisomía 21 aumenta (Síndrome de Down)

–       Abortos espontáneos más frecuentes.

Aunque es importante mencionarlas, estas complicaciones normalmente son tratadas por los médicos, y con los cuidados adecuados se dan embarazos totalmente normales, y en la mayoría de casos no son determinantes para tener un bebe, ya que el deseo de las madres por tener un hijo supera todos éstos aspectos.

Pero también debemos cuestionarnos ¿hasta que edad se puede tener hijos?

Al plantearnos ésta pregunta, encontramos cierto paralelismo entre el embarazo adolescente y el  embarazo tardío. Como vimos anteriormente, la menstruación nos marca los periodos en los que la mujer es fértil, pero esto no significa que el cuerpo esté en las condiciones adecuadas. En la adolescencia el cuerpo todavía no está maduro para un embarazo, y en el caso de los embarazos tardíos, el cuerpo se podría decir que está ya “demasiado maduro”, por eso ambos son considerados embarazos de riesgo (lo que no significa que no se pueda concebir, pero si que hay más complicaciones). Otro aspecto a tener en cuenta es el aspecto de los efectos de la información. En la adolescencia vimos que la cantidad de información es muy elevada, pero que esto no consigue el efecto deseado, ya que el número de embarazos continúa aumentando. Del mismo modo, en los embarazos tardíos también se conoce la información (más riesgos, más complicaciones) pero la tasa también continua aumentando. En ambos casos, en muchas ocasiones los embarazos se producen por no usar los métodos anticonceptivos pertinentes, la diferencia radica en que en el caso de los adolescentes no se usan por causas de impulsividad o de irresponsabilidad, en cambio, en los embarazos tardíos (sobretodo a partir de los 45 años) la cercanía de la menopausia hace creer a las mujeres que ya no pueden quedarse embarazadas.

En cuanto a las implicaciones psicológicas nos planteamos también una serie de reflexiones a tener en cuenta.

Por un lado, el retraso actual de la maternidad (sobre los 30 años) puede suponer que la mujer, a éstas edades es más madura, y sabe mejor lo que quiere y como lo quiere, lo que supone una mejor adaptación al bebe y quizá un mayor deseo por ser madre que le facilitará la crianza y educación del pequeño. Muchas madres dicen que a éstas edades, los cuidados del bebe no se ven como un sacrificio y sí como una compensación. También sienten que sobre los 30 años ya han vivido la plenitud de todas sus etapas, y están preparadas para tener a su primer hijo, que ya han vivido la juventud plenamente y que ahora toca cambiar de etapa.

Por otro lado, en los casos en que realmente los embarazos son en edades muy avanzadas como pueden ser los 50 años, debemos plantearnos las dificultades que esto puede suponer tanto para la madre como para el niño. ¿Realmente las madres que se encuentran con bebés a los 50 años están preparadas para levantarse por las noches a atender a los niños y no poder dormir bien? ¿Podrán aguantar el ritmo físico de energía y de juegos que supone un niño pequeño? ¿Cuándo el niño tenga diez años, estará preparado para tener una madre con 60 años, que puede tener la misma edad que la abuela de alguno de sus compañeros? ¿cuándo el niño sea adolescente, la madre se verá con fuerzas para asimilar las dificultades de ésta etapa?

En definitiva, el embarazo es un tema que conlleva muchos aspectos a tener en cuenta, en el que lo primordial es tener el deseo de ser madre, pero hay que tener en cuenta una serie de cuestiones que a veces pueden pasar desapercibidas por éste deseo.

Al reflexionar sobre todo esto, solamente podemos concluir que ser madre (siempre que se desee) es algo bonito a cualquier edad, y sabemos a veces hay complicaciones, pero en muchos casos se superan con al amor por nuestros hijos.

Si queréis saber más cosas sobre éste tema, aquí os dejo algunos Links:

http://salud.kioskea.net/contents/grossesse/14_les-grossesses-tardives.php3

http://elembarazo.net/riesgos-en-el-embarazo-tardio.html

http://www.mujeractual.com/madres/embarazo/1.html

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=659345

Arian Lacasta

¿QUIÉN Y CUANDO ES NECESARIO ACUDIR AL LOGOPEDA?

Inicialmente, la logopedia surgió con el fin de atender aquellos trastornos relacionados con la comunicación de los más pequeños, y precisamente este grupo social es el que muchos padres y la mayoría de población piensan que son los que solamente deben y/o pueden acudir a un logopeda. Pero, no es así, lo cierto es que esta ciencia trata los diferentes grupos sociales, es decir: niños, jóvenes, adultos y gente de la tercera edad. Así que su campo de actuación es más amplio de lo que la sociedad concibe.

En primer lugar, si nos centramos en  los más pequeños, las patologías más relevantes son problemas en el habla,  en el lenguaje y en la lectoescritura, entre otras. Y como padres, seguramente nos preguntamos cuales son las situaciones en las que nuestro hijo debería ir al logopeda, pues para ellos existen indicadores o síntomas que nos pueden ayudar a tomar esa decisión. Éstos serán los siguientes:

–          Si no habla o habla muy poco.

–          Si es difícil o no comprendemos a nuestro hijo cuando habla.

–          Si tiene dificultades para pronunciar algún sonido.

–          Si se salta algún sonido o agrega otros que no corresponden.

–          Si respira con la boca abierta.

–          Si se pone afónico con frecuencia o de forma continuada.

–          Si presenta cambios muy drásticos en la voz.

–          Si se observa que tiene dificultades para oír o si, aún oyendo bien, encuentra.

–         Dificultades para discriminar algún sonido.

–          Si presenta alteraciones sensoriales.

–          Si presenta alguna alteración física, como la parálisis cerebral o la espina bífida.

–          Si presenta un retraso general en el desarrollo y el lenguaje, autismos y otros síndromes.

–          Si presenta dificultades a la hora de leer o escribir correctamente.

Así pues, si algunos de nuestros hijos presenta alguno o varios de estos síntomas, lo más conveniente será concretar una cita logopédica y salir de dudas, así como iniciar el tratamiento más adecuado lo antes posible.

En segundo lugar, en el caso de los jóvenes y adultos los síntomas o indicadores relevantes para acudir a un logopeda son:

–          Que esté diagnosticado de nódulos, pólipos,…

–          Que se encuentre afónico con frecuencia.

–          Que muestre dificultades para deglutir (tragar).

–          Que tartamudee con frecuencia.

–          Que se le haya diagnosticado alguna enfermedad neurodegenerativa como Parkinson, Alzheimer….

–          Que haya padecido un accidente cerebro-vascular (Afasias).

–          Que tenga pérdidas de lenguaje, vocabulario, memoria, atención, cálculo.

Aunque también pueden presentar patologías similares a las que padecen los niños, por no haber solucionado el problema años atrás, en  el momento más oportuno.

Así  que cualquier adolescente o persona adulta que sufra alguna de estas patologías, también deberá consultar a un logopeda su problema y buscar las soluciones más eficaces posibles, dependiendo de su grado y de su edad.

Por último, encontramos esa parte de la población que se encuentra en edades avanzadas, y es en este aspecto donde quiero hacer más hincapié. La razón es porqué muchas familias que observan y padecen en alguno de sus familiares (de la tercera edad), problemas o alteraciones en su lenguaje y en su comunicación a causa de alguna lesión cerebral como hemos dicho anteriormente, o a causa de alguna demencia, no buscan soluciones que mejoren su calidad de vida. En múltiples ocasiones, la familia a nivel económico no puede, pero en otras ocasiones ésta opta por enviarlo a una residencia donde puedan cuidarlo mejor, o a veces la familia se despreocupa y aunque sea cruel, piensan que por la poca esperanza de vida que les queda no vale la pena buscar soluciones para rehabilitar,  mejorar o  paliar sus capacidades más afectadas.

Así pues, quiero que las familias tomen conciencia y se pongan en el lugar de sus más allegados que sufren o han sufrido problemas cerebrales que han repercutido en su comunicación con el mundo y han cambiado radicalmente su vida. Y piensen en que los logopedas, son profesionales que pueden con constancia y dedicación rehabilitar todos aquellos problemas lingüísticos, auditivos, vocálicos… que el paciente sufre. O  bien en el caso de las demencias, potenciar y trabajar sus capacidades preservadas y paliar su evolución.

A continuación podreis ver varios vídeos en los cuales observareis perfectamente varios pacientes  adulto y anciano) que  por diversas causas su comunicación se ha visto gravemente afectada:

En las siguientes direcciones podeis conocer más aspectos relacionados on este artículo:

Laia Escobar

Como ayudar en el aprendizaje de nuestros hijos

Cómo todos sabéis se acerca la época de los exámenes finales, y en muchas casas empiezan a sonar algunas frases típicas como: “hay mucho temario”, “es imposible”, no me va a dar tiempo”, “voy a suspender”, “esto no lo entiendo”…

Cada estudiante se organiza el tiempo según sus necesidades, pero como norma general, los estudiantes tienden a concentrar muchas horas de estudio en muy pocos días. Éste tipo de organización suele aumentar la ansiedad y los nervios de los exámenes, provocando una mayor dificultad para atender realmente a lo que se está estudiando (cuesta concentrarse en lo que se está estudiando, cuando queda poco tiempo y mucha materia para estudiar),  lo que acaba provocando un estudio superficial destinado solamente a aprobar el examen, y que no conlleva un buen aprendizaje, ya que probablemente, al haber estudiado con poco tiempo y de memoria, al año siguiente es probable que se deba volver a estudiar de nuevo.

Muchos padres se angustian también en éstas épocas puesto que la tendencia general es intentar ayudar a los hijos a aprobar la asignatura, pero existe una dificultad, y es que los padres no son profesores. Hay muchos aspectos que, ya sea por olvido o por no haberlo trabajado, es imposible enseñar a los hijos, y esto a veces  provoca cierta frustración y un cierto sentimiento de inferioridad, e impotencia al no poder explicarle a nuestro hijo como se hacía el Teorema de Pitágoras, o como se hace una raíz cuadrada.

 

Por esto, creo importante remarcar que aunque los padres si deben ayudar a sus hijos, su labor no es enseñar el temario (para eso están los profesores), la labor de los padres pasa por otra serie de cuestiones que colaboran en la obtención de un buen aprendizaje. ¿Cómo pueden  los padres ayudar a sus hijos a adquirir un buen aprendizaje?

–          Organización: Uno de los aspectos más importante para el aprendizaje en el que los padres pueden ayudar a sus hijos, es tener una buena organización del  tiempo. Para ello es importante establecer un buen hábito de estudio. Es recomendable estudiar un poco cada día, repasar el temario a medida que se va trabajando, en lugar de estudiarlo todo a última hora. Esto nos permite una mejor interiorización de los conceptos (ya que se da de manera constante y dinámica), y también evitamos el agobio que sufren los estudiantes ante la falta de tiempo. De modo que establecer un horario de estudio con los niños, en que cada día dediquen un tiempo a repasar los conceptos adquiridos puede ayudarles mucho.

–          Cambio de idea: Ayudar  a los niños a comprender que aprender no es simplemente aprenderse de memoria una serie de frases para después recitarlas en el examen, aprender significa mucho más. Implica que, sin despreciar el aspecto memorístico que también es importante, debemos priorizar que los niños entiendan aquello que están estudiando, que sean capaces de generalizarlo a otros aspectos de su vida, que sean capaces de explicarlo con sus propias palabras.

–           Conceptos: Los padres también pueden ayudar en cuanto a la adquisición de conceptos, en aquellos conceptos que  recuerden, o en enseñar algunos trucos de aprendizaje, pero de manera que esto sirva como  apoyo  al alumno, pero no deben responsabilizarse de no conocer la materia.

En definitiva, los padres pueden ayudar a sus hijos a estudiar estableciendo una serie de hábitos y de conceptos que permitan un mejor aprendizaje. De modo que no hay que centrarse tanto en el apoyo en la materia o materias propiamente (no todos los padres saben mucho, o se acuerdan, de las lecciones de matemáticas, ni de lengua…), sino que deben intentar que los estudiantes sean capaces de aprender de forma autónoma, utilizando todos los recursos que tienen a su alrededor (maestros, internet, libros de texto…), teniendo una buena organización del tiempo (de modo que si no entienden algún aspecto de la materia puedan ir a preguntarle al profesor en el momento en el que no lo han entendido, y no justo antes del examen cuando el profesor ya no tiene tiempo de atenderle). Así conseguimos ayudar a nuestros a mejorar en sus aprendizaje y reducir la ansiedad tanto de los estudiantes como (en muchas ocasiones) de los padres.

 

Arian Lacasta

EL COLECHO

Muchos de vosotros sabréis a qué se refiere este concepto, pero otros muchos, como fue mi caso, posiblemente no habréis oído nunca esta palabra. Pues bien, os cuento cómo llegué yo a ella… Hace 19 meses pasé por la experiencia más bonita de mi vida: ser madre. Como tantas otras madres, decidí darle el pecho a mi hijo. Todo iba muy bien: el pequeño dormía en su moisés y cuando reclamaba comer, yo me despertaba alegremente y le proporcionaba su alimento y muchísimos “mimitos”. Fueron pasando los días y las semanas, y los meses,… y ya no me despertaba tan alegremente, simplemente me despertaba. Es cierto, el sueño me venció. Cuando el niño se quejaba de hambre, lo metía en nuestra cama, el comía y yo… ¡¡¡¡seguía durmiendo!!! Al cabo de un rato, a veces, minutos pero otras veces horas, me despertaba y me hacía consciente que me había quedado dormida mientras mi hijo comía.

Así fue, por culpa del sueño (y gracias a él), como poco a poco, el niño se hizo un hueco en nuestra cama… ¡¡Donde caben dos caben tres!!

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Al cabo de un tiempo, culpable por las críticas que recibía de unos y de otros (que si el niño tendría que dormir en su cuarto, que si estábamos haciéndole un “mal” porque no aprendería a dormir solo,… blablabla…), empecé a buscar todas las consecuencias negativas que sufriría mi pobre pequeño por la falta de criterio de sus padres (¡¡Qué gran locura dejarlo dormir con nosotros!!). Pues cuál fue mi sorpresa, cuando encontré que no simplemente no le estaba haciendo ningún mal, sino que además el dormir juntos era una práctica con nombre y todo (COLECHO), la cual tenía muchísimos beneficios tanto para el bebé como para fortalecer el vínculo entre nosotros.

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Algunos de los beneficios que aporta el colecho, es decir, el dormir con los hijos, son los siguientes:

– El bebé sabe que estás allí, lo que aumenta su seguridad y satisface su necesidad de sentirse protegido, permitiendo a los papás responder de manera más rápida a lo que pueda pasar (vómitos, tos, pesadillas,…)

– El bebé mamará más, lo que se traduce en una menor incidencia de enfermedades, y además, sin perturbar el sueño de la mamá.

– Mejora el ritmo cardíaco y la presión sanguínea del bebé. Sobretodo durante las primeras semanas de vida, el ritmo respiratorio del pequeño, al no ser suficientemente maduro, puede sufrir apneas. Si la madre duerme a su lado le proporciona al bebé un patrón de respiración que el niño puede imitar.

– El bebé tiene más tiempo de fase profunda del sueño, lo cual potencia su desarrollo mental.

– El dormir con tu bebé hace que se equilibre su temperatura corporal. Si siente frío le trasmitirás calor, si tiene calor lo regularizarás.

– Es una práctica muy eficaz para estimular el apego y el vínculo entre padres e hijos.

Por supuesto, como en cualquier otra práctica, también existen inconvenientes, como por ejemplo, riesgo de aplastamiento o asfixia del bebé. Es por ello que si se decide practicar el colecho es imprescindible tomar las precauciones necesarias para no asfixiar al bebé (poner cojines para evitar que se le pueda chafar, tener una cunita “sidecar” ,…) .

Basándome en mi experiencia, me gustaría terminar este post diciendo que disfruto cada día de la oportunidad de dormir con mi hijo, de besarle cuando él sueña, de calmarlo cuando se despierta asustado porque ha tenido una pesadilla, y sobretodo, de verle la carita de felicidad cuando por la mañana se despierta y yo estoy allí, a su lado, y de recibir esos besitos que me da que me transmiten un sinfín de emociones.

Así que, cuando llegue el momento de llevarlo a su habitación llegará, pero mientras tanto estoy dispùesta a disfrutar del colecho cada noche. Y, por supuesto, cuando llegue un hermanito, desde un principio le enseñaremos qué es colechar!!

Os dejo aquí algunos links que informan sobre este concepto, a ver qué os parecen…

http://www.crianzanatural.com.

http://www.unizar.es/med_naturista/lactancia.pdf

http://albalactanciamaterna.org/lactancia/colecho-lactancia-y-sindrome-de-muerte-subita-del-lactante-

http://www.mamasybebes.com/2011/04/todo-sobre-el-colecho/

Joanna Arroyo